Telmo Sarauz, Maestro Retablista, un inmigrante de lujo.

El 20 de abril de 2018, en el lugar donde opera la casa de descanso para trabajadores y los talleres de capacitación para comunidades de la Fundación Altiplano Saraña, Telmo Sarauz se sintió mal y falleció producto de un ataque al corazón. Sus compañeros y alumnos debimos asumir de golpe la partida de un compañero de aventuras patrimoniales en comunidades andinas de Arica y Parinacota, en San Pedro de Atacama, en Peralillo, Pumanque y en el Huique.

Fue el año 2004, que Telmo tocó las puertas de una incipiente Fundación Altiplano, cargando sólo un humilde Cristo crucificado tallado en madera. Decía venir del legendario pueblo de talladores de San Antonio de Ibarra, en Ecuador, y haber cruzado ilegalmente la frontera por el altiplano. En aquel tiempo, sólo pudimos ofrecerle algo de dinero, ropa limpia, un bolso rojo para sus herramientas y la promesa de un primer trabajo en madera. Él nos dio en agradecimiento el Cristo crucificado.

Su primer trabajo para la Fundación fue un encargo de la comunidad de Humagata, que requería puertas para el templo de Santiago. Telmo armó las puertas en Arica con madera reciclada de pino oregón y las subimos a pulso con ayuda de Mario y Hernán, primeros maestros restauradores de la Fundación. Junto a ellos, el año 2006, Telmo trabajó en la primera versión del Festival Arica Nativa, que se realizó en el teatro Municipal, entregando mayor oportunidad a los ariqueños y parinacotenses para acceder al mundo audiovisual de temáticas locales y rurales del mundo, de manera gratuita. Telmo creó y esculpió durante 12 años el Gran Tropero, esculturas de madera que son entregadas a directores y artistas de reconocida trayectoria que visitan nuestra región durante el festival.

Desde este año 2018, la Escuela de Conservación Sostenible Saraña, el mismo lugar que le vio partir, en la Maipú Oriente, el Taller de Carpintería llevará su nombre, como sentido agradecimiento y homenaje de sus compañeros de la Fundación Altiplano. Con paz y acompañando a su familia, decimos: Jallalla, amigo Telmo, que sea en buena hora…