FERNANDO VALDIVIA – Profesor de la Escuela de Cine y Desarrollo Sostenible / Arica Nativa 2017

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Fernando Valdivia, profesor de la Escuela de Cine de Arica Nativa, destaca como comunicador social y cineasta. Con experiencia en proyectos audiovisuales comunitarios, realizador de obras audiovisuales dedicadas a la conservación en Latinoamérica. Desde 1997 dirige Teleandes Producciones y desde el 2014 la Escuela de Cine Amazónico. Sus documentales más conocidos “Buscando el azul, La travesía de Chumpi”, “Shipibo, la película de nuestra memoria”, “Iskobakebo, un difícil reencuentro”, “Pueblos amazónicos y cambio climático”. El 2014 recibió en Brasil el trofeo Pachamama en homenaje a su trayectoria. Conversamos con él sobre su forma de hacer, ver y sentir el cine.

  • ¿Cómo nace su relación con pueblos originarios?.

Mi familia por parte de madre es Quechua y desde niño compartí vivencias con campesinos andinos, aprendí algo de su idioma y -al igual que ellos- me compenetré en esa relación viva con el entorno natural y geográfico. Desde entonces quise recorrer el mundo porque entendí que cada pueblo guarda historias que deben compartirse, sentí que hay más cosas que nos unen que las que nos separan.

  • ¿Y con el séptimo arte?

Veía documentales en la TV, los programas de National Geographic y de Cousteau ayudaron a definir mi vocación. Me apasionaban los viajes a zonas remotas y narrar las vivencias con las cámaras compactas de video que aparecieron en los años 80 mientras estaba en la universidad; en la misma época conocí el cine de Herzog, Kurosawa, Buñuel y del cineasta peruano Federico García, ellos son los referentes iniciales. Actualmente admiro profundamente el trabajo comprometido del brasileño Vincent Carelli y la humanidad de Hayao Miyasaki.

  • Une ambas a través de la Escuela de Cine amazónico, ¿cómo surge esta idea? ¿Qué objetivo se propusieron al construir este espacio pedagógico?.

La SOBERANIA AUDIOVISUAL nos mueve, esa intención de hacer un cine desde abajo y con los pueblos originarios de la Amazonía, aquellos que siempre fueron invisibilizados, estereotipados o ridiculizados. Tras 25 años de rodajes en la cuenca amazónica y ante el pedido constante de capacitación, dimos el gran paso de organizarnos junto a otros compañeros de luchas audiovisuales y proponer un espacio de capacitación que forme activistas audiovisuales. Es un espacio donde compartimos nuestra experiencia en el entorno amazónico y donde otros cineastas reconocidos acuden para estimular la creación de obras personales que visibilicen el enorme espacio amazónico que ocupa casi el 60% de nuestro territorio pero del cual se conoce poco. HACIA UN CINE POR LA VIDA es la frase que nos identifica, apostamos por nuevos paradigmas en la perspectiva del biocentrismo.

  • ¿Cuál es la metodología de la Escuela de Cine Amazónico?.

Trabajamos con gente que ya tiene formación audiovisual y con aquellos que ya tienen un proyecto o idea de proyecto, prioritariamente con personas de la Amazonía peruana, indígena y no indígena. Guiamos su proceso de creación y los alimentamos de información y estrategias de abordaje, especialmente en el documental. Fomentamos la MINGA AUDIOVISUAL, un trabajo colaborativo, una sinergia de voluntades para llevar a cabo sus proyectos, del mismo modo los talleres que dictamos se convierten en espacios interculturales pues viene gente de Lima y hasta de otros países. Igualmente comprometemos a colectivos locales e instituciones como el Ministerio de Cultura y municipalidades para que nos faciliten espacios y apoyo para realizar los talleres. No tenemos un local, la Escuela de Cine Amazónico existe donde hay brazos diversos que le dan soporte.

  • ¿Qué herramientas entrega lo audiovisual a las comunidades indígenas en base a su experiencia?

Con la Escuela de Cine Amazónico y fuera de ella también, hemos llevado a cabo numerosos talleres con pueblos originarios bora, huitoto, ocaina , kukama kukamiria, matses, awajun, wampis, achuar, shawi, shipibo-conibo, iskonahua, ashaninka, yine, amahuaca, matsigenka, nomatsigenka, asheninka, kichwa y paro de contar. Lo primero que resalta es la manera en que estas experiencias fortalecen la autoestima de los participantes, se ven obligados a reflexionar sobre los temas estimulando el pensamiento crítico, los jóvenes que está perdiendo su cultura aprenden a trabajar en grupo, además es un ejercicio de memoria, de confrontar su identidad y reflexionar sobre las transformaciones ambientales y culturales que están definiendo su destino. Ellos emplean las obras que producen con fines no necesariamente artísticos, han asumido el medio como aliado en acciones de incidencia política, teniendo en cuenta los graves hechos de despojos territoriales y violencia estructural que está presente en su entorno. No es casualidad que gente formada en estos talleres de cine devenga en lider de su pueblo como el caso de mi alumno Ronin Tsoma que ahora es el principal lider del numeroso pueblo Shipibo-Conibo y el documentalista amazónico más reconocido.

  • Son varias escuelas de cine a lo largo de Latinoamérica que se desarrollan junto a comunidades indígenas, ¿existe una red que las conecte? Este año Arica Nativa proyectará Martirio de Vincent Carelli de Video Nas Aldeias. ¿Ha colaborado con ellos? ¿Qué tiene de positivo la conexión con otros espacio de Cine en comunidades?.

Conozco a Vincent hace doce años y es un referente de mi trabajo, conversé mucho sobre los proceso de Video Nas Aldeias y he adecuado mi trabajo a los aprendizajes de ellos. También capacité junto a CLACPI y recientemente a SIGNIS y CHASKI. Hay un ida y vuelta con ellos, no son espacios cerrados, además siempre coordino directamente con población de base, con comunidades y federaciones que consideran el cine como la mejor manera de sensibilizar e informar sobre temas actuales, ellos prefieren ver un buen documental que leer las numerosas publicaciones existentes a las que raramente tienen acceso o que se deterioran por la humedad de la selva. Los alumnos que tuve en mi país ahora promueven el cine comunitario en sus lejanas comunidades y siempre nos cruzamos en eventos o viajes. No hay un espacio o fecha fija, siempre estamos conectados trabajando juntos.

  • ¿Cómo definiría el Cine Indígena?.

Hay cine hecho SOBRE INDÍGENAS, hay cine hecho CON INDIGENAS, hay cine hecho POR INDÍGENAS, a veces asumiendo posturas participativas, colaborativas o como una necesidad endógena. El cine es cine, las etiquetas temáticas pueden ser engañosas, a mí me interesan más los procesos de trabajo y en estos tiempos de reafirmación de las identidades culturales valoro mucho los proyectos donde no hay intervención externa. Son caminos hacia la descolonización valiosos, sin embargo ¿qué pasa cuando una comunidad te invita a que apoyes sus causas mediante una película?. No me puedo negar y así ha sido en casi todas mis obras como Buscando el Azul, La Travesía de Chumpi, etc., en todo caso es una opción posible sin perder de vista que lo ideal es que ellos sean capaces de filmar por si solos. Están en capacidad de hacerlo y hay numerosas experiencias latinoamericanas que lo corroboran. Por eso existe la Escuela de Cine Amazónico.

  • ¿Cómo surgió la idea de participar en Arica Nativa como profesor en la Escuela de Cine?.

Es una invitación gracias a que estuve presente en el último Bolivia Lab, es el resultado de estas redes de trabajo que surgen de estos valiosos encuentros.

  • ¿Sobre qué tratará su clase en la Escuela de Cine bajo el título Cine y Ambiente?.

Tengo una mañana para dialogar con los participantes, por lo tanto quiero transmitir parte de mi sensibilidad al momento de emprender proyectos y de recoger imágenes. Mi perspectiva va por un lado más sencillo y sensorial: SENTIR-INVOLUCRARTE-COMPROMISO.

SENTIR… hace poco durante un taller de cine y ambiente que realicé en la PUC de Rio en Brasil, narraron la anécdota de los niños urbanos en clases de jardinería, al realizar la práctica ellos decían “voy a ensuciar mi mano, eso es sucio”. La mediatización ha llegado a tal grado que se puede estar perdiendo esa capacidad de ir directamente a la fuente, de palpar su textura, su temperatura, su olor, su forma, su dureza o suavidad. ¿Cómo pretendemos filmar lo que no conocemos?, ¿acaso la soberbia de sentirnos dioses “creadores” nos impulsa a fragmentar o descontextualizar sin haber siquiera intentado comprender lo que está frente a nosotros?. Vivimos en un pluriverso, hay muchas cosmovisiones, muchas formas de entender y sentir…encontremos la propia.

INVOLUCRARTE…lo que te rodea no es ajeno, es parte de ti. La pirámide antropocéntrica hace pensar que todo está subordinado a ti, felizmente nuevos paradigmas aparecen, Leonardo Boff con el biocentrismo propone una visión basada en las relaciones donde el ser humano es parte del sistema de la vida y no su mero eje, ¿cómo lo ha venido expresando el cine?, ¿cómo podemos expresarlo en imágenes sencillas?. Nuestras obras audiovisuales son una extensión de alguno de estos pensamientos, hay que ser conscientes de ello y lo que filmemos, la forma de deconstruir la realidad frente a nosotros, nuestra cercanía o lejanía a las escenas o sujetos, las relaciones retratadas… son puntos de vista que nos ponen de un lado o de otro, no hay neutralidad, estás involucrado.

COMPROMISO…somos sujetos políticos, un arte que cuestiona es político, una imagen que altera tu zona de confort y te hace pensar es una imagen necesaria. El documentalista independiente tiene una posición y su convencimiento, su sensibilidad va haciendo crecer un compromiso, sea por alguna causa, por alguna idea o por el cine en sí mismo. ¿Qué nos mueve a involucrarnos en un proyecto por meses o por años? Al final es interesante un ejercicio introspectivo para encontrar esos nexos personales profundos, esas conexiones personales con el proyecto que abordemos. Al final somos nosotros, el compromiso de realizar una obra documental con todo lo que esto implica en tiempo, costo, riesgos, trabajo…si  estamos conectados seguiremos adelante.

  • ¿Qué enseñanzas ha obtenido del trabajo con las comunidades?

En la Amazonía lo más constante es la inconstancia. Puedes haber nacido en un pueblito que cuando llegas a la adolescencia desapareció, ya no existe,  es la resulta de esos cambios anuales de los cursos de los ríos. Esa realidad se extrapola en esa gente, hoy pueden estar vivos, mañana no se sabe, por eso viven con intensidad, alegría y dinamismo, nunca están en un solo lugar. La visión del inmediatismo es una necesidad, por eso ahora sabemos que los talleres deben adecuarse a su ritmo y alcanzar logros concretos, tangibles día a día. Quizás eso resulte demagógico para gente del mundo urbano y a nosotros nos costó entenderlo, ahora tratamos de llegar a un punto medio entre lo que podemos compartir con ellos y su dinámica propia. Es más, la Escuela de Cine Amazónico también se mueve mucho, a veces dictamos clases en el auditorio de la Municipalidad de Pucallpa, otras veces en aulas de la Universidad de Ucayali, otras en la Casa de la Cultura o en el Ministerio de Cultura-Ucayali. Otras veces en Iquitos o Puerto Maldonado, somos totalmente amazónicos y como dijo el gran César Calvo “nos hemos nacionalizado culebras”.

  • ¿Cuáles son sus próximos desafíos?

Acabo de iniciar la difusión de mi documental AMAHUACA SIEMPRE, una bonita historia de un pueblo que no quiere desparecer y lucha por lograr su escuela secundaria. En febrero viajo a USA a editar un documental que filmé durante 7 años llamado Q’EROS, NUESTRA VIDA, NUESTRA HERENCIA sobre el último ayllu Inca. el 2017 retomamos los talleres de documental en más ciudades amazónicas. Tengo un par de proyectos que quiero rodar, largometrajes más personales sobre amigos activistas indígenas asesinados… en la Amazonía hay demasiados temas, faltan vidas para rodarlos.